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domingo, 21 de julio de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
I am the architect of my own destruction~
No me gustan las cuentas atrás. Por eso pocas veces las hago. Hay números que odio y que prefiero que no me sigan persiguiendo... Pero eso no es problema de un símbolo, es problema de las personas. Así que, en este momento, puedo llegar a otra conclusión, odio a las personas.
Últimamente transito el mundo intentando no pensar demasiado, pero es odiosamente imposible.
Los malditos recuerdos se aferran a mí, sin querer dejarme vivir.
Las personas te utilizan y se van. Da igual cuantas veces te hayan dicho que estarían. Nadie. Nadie se queda.
Tú no eres más que una indigesta célula de la que abusar mientras la necesitas, que más tarde intentarás olvidar, renegando de lo que en un momento tuviste.
La veracidad de las circunstancias se pierde por segundos. Los rincones de cualquier recuerdo están llenos de amargura, antes insustancial, ahora inanimada.
No somos más que tristes presagios del anhelo, de las fluctuaciones perversas del mundo.
Nos ceñimos en únicamente llevar nuestra vida atada a fechas, números, tiempo...
Pérdida de uno mismo, que no nos lleva más que a la mediocridad, de la que tanto huimos.
...Y aquí estoy, mirando cada palabra que escribo con un nudo en la garganta, sintiéndome sola y perdida.
Hastiada, deambulando en círculos constantemente, equivocándome a más no poder. Y ni siquiera puedo romper las páginas que me marchitan. Ni siquiera puedo llorar, ni desahogarme.
Tan solo mentirme a mí misma, diciéndome que todo va bien. Con la mirada perdida, la mente ocupada y el interior vacío.
Últimamente transito el mundo intentando no pensar demasiado, pero es odiosamente imposible.
Los malditos recuerdos se aferran a mí, sin querer dejarme vivir.
Las personas te utilizan y se van. Da igual cuantas veces te hayan dicho que estarían. Nadie. Nadie se queda.
Tú no eres más que una indigesta célula de la que abusar mientras la necesitas, que más tarde intentarás olvidar, renegando de lo que en un momento tuviste.
La veracidad de las circunstancias se pierde por segundos. Los rincones de cualquier recuerdo están llenos de amargura, antes insustancial, ahora inanimada.
No somos más que tristes presagios del anhelo, de las fluctuaciones perversas del mundo.
Nos ceñimos en únicamente llevar nuestra vida atada a fechas, números, tiempo...
Pérdida de uno mismo, que no nos lleva más que a la mediocridad, de la que tanto huimos.
...Y aquí estoy, mirando cada palabra que escribo con un nudo en la garganta, sintiéndome sola y perdida.
Hastiada, deambulando en círculos constantemente, equivocándome a más no poder. Y ni siquiera puedo romper las páginas que me marchitan. Ni siquiera puedo llorar, ni desahogarme.
Tan solo mentirme a mí misma, diciéndome que todo va bien. Con la mirada perdida, la mente ocupada y el interior vacío.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Monster.
Ya no me apetece sentirme perdida. Ya asumo que lo estoy. En
la nada. En lo que es. En lo que no es. En lo que existe. En lo que nunca
existió. Tengo miedo de olvidarme de las verdaderas fauces de lo que me acecha.
Buscando lo infinito, lo transpirable, lo perdurable en un mundo innecesario,
entre ladridos de energía.
Rostros vacíos, miradas vidriosas, muertas, sombrías,
atrapadas en un trémulo encuentro irascible.
Mis propios músculos me atrapan, oprimiéndome a más no poder.
Sin dejarme respirar, haciéndome llorar.
Solo escucho silencio, ni baladas triste, ni guturales
renaciendo, solo ruidos empaquetados por el incesante mundo plastificado.
Espadas de acero manchadas de sangre en cualquier leyenda
legendaria.
Vasos llenos de alcohol, sin huellas, vírgenes por quien no
pudo hallarlos.
Cuerpos fríos por la necesidad de agotar el hielo de los
huesos por calidas pisadas.
Pensamientos retorciéndose en mi interior, ahogándome, atándome,
haciéndome sangrar en lo más recóndito de mi ser.
Gritos de perversión, de furia, de libertad.
Angustiosa pérdida de uno mismo, perdurable por el ser,
yendo hacia la nada.
Etiquetas:
Grandes pensamientos urbanos,
Música,
Vídeos
domingo, 14 de octubre de 2012
Caminos inconexos.
Otro día más, otra sonrisa más, otro día nublado más... Hoy volvía a tocarme sentirme vacía, perdida, olvidada y alejada de todo.
Odio infinitamente seguir siendo esa niña atormentada que no sabe andar sin mojarse bajo la lluvia.
Pero, a decir verdad... ¿acaso alguien sabe?
Miro a mi alrededor y no veo más que fracasos, fracasos que te animan más que las metas conseguidas.
No hay nada que me moleste más que perder el tiempo, pero siempre acabo dándome cuenta de que pocas veces se pierde el tiempo con algo.
Todo se te muestra tenue, y mientras intentas pasar invisible, solo consigues ser una vibrante luz marchita.
Adoro sentir el frío que te cala los huesos, entre toda esa gente falsamente cálida que no quiere más que aprovecharse de la niebla.
Tan solo me muestro intranquila ante no saber ser feliz y deambular sin rumbo con pies frágiles.
Es difícil llegar a ser lo que quieres cuando ni tú misma sabes quién eres.
Inicias un paraje con inconexos caminos de los que siempre eliges el fango. Porque te anima que nada sea increíblemente fácil.
Lo fácil no es emocionante.
Pero cuando llegas a la mitad te vas hundiendo más y más, atormentándote a ti misma tu propia existencia.
Existencia de soledad.
Soledad ante la nada.
Se unen más personas, te tienden la mano, pero no ves más allá de tu obstinación a continuar sola y acabar todo tal y como empezó.
Tus pies olvidan el barro para dar paso a otros tormentosos pero atrayentes lugares.
Pero si de verdad odio algo, no es solo que las personas me hagan cambiar de estado de ánimo, sino que hasta yo misma con mis estúpidos pensamientos lo consigue.
Y sigo animándome por cosas que no tienen sentido, que precisamente son las más interesantes.
Intentando llegar a un barrote inexistente en lo alto de una escalera.
Del que probablemente me caeré, pero, al menos, tendré césped que arrancar mientras me pregunto por qué soy tan tremendamente idiota.
Después de todo, sigo siendo tan negativa como siempre. Pero con un mínimo matiz... sonrisas irónicas, sádicas y macabras.
jueves, 21 de junio de 2012
Tiempo marchito...
Y sigues pensando que el mundo nunca se parará
que seguirá incesante, escuchando el crepitar de la vida
recordando que tenemos esperanza, que alguien estará a
nuestro lado
Pero no hay nadie, ni nada.
Ni siquiera el crujido de las cortezas de los árboles,
ni los pájaros piando,
ni tan siquiera el eco de un mundo que te sumerge, erguido
por la necesidad
de quienes se creen dueños de la existencia.
Y sigues murmurando, a mis espaldas, que no hago nada
que hablo demasiado,
que no te necesito.
Y es ahora más que nunca cuando mis ojos no pueden ver más
allá
de lo que concierne a tu vida y a mis sentimientos.
Al mundo y al oráculo de pensamientos que acontece a la
grotesca realidad.
Añoro el silencio de las miradas, de las canciones
olvidadas,
de las conversaciones que se acaban.
De un momento asfixiante e inconexo que nos enjaula.
Trepar por un mar infinito que sacie tu sed de sangre.
Me consumo entre cerillas donde solo soy una estancada llama,
prisionera de la nada,
guerrera del temperamento,
paladín de los sueños,
azar de la felicidad.
Sin oxigeno marchito en un océano de lúgubres tinieblas.
Raíces se apoderan de mis extremidades
mientras suplico por mis vulnerables pasos,
dolorida por las almas que posen mi sustento.
Mi victoria aplacada por las miradas de quienes de verdad
son ganadores.
Obradores de perder mi sueño.
Reflejos excitantes de lo que nunca seré.
Maleficios enrevesados por la monótona y sombría niebla
que recubre nuestras sombras.
que recubre nuestras sombras.
Mientras fluyen las letras que suplican un aliciente para
ser quien soy,
dando no más que truculentos momentos
que se olvidan sin ser nada más que tiempo.
Tiempo marchito.
El magnetismo realista de las sombras.
Volvía a estar tirada en el césped, arrancándolo, pensando
que eso acabaría con todos mis “problemas”, que la inmensidad del tiempo me
dejaría tranquila y podría vivir sin que mi mente me recordara únicamente lo
triste que soy.
Pero no, no puedo sentirme más agobiada. ¿Sabéis esa
sensación de tener un nudo en la garganta que solo se apaga si lloras? Bueno,
pues yo lo tengo constantemente.
Un dolor insaciable, esa sensación de no encajar en ningún
sitio, de molestar a las únicas personas a las que pareces importarle.
Y seguía mirando al cielo, sin ni siquiera una nube. Una
inmensidad sin preocupaciones.
No entiendo por qué la gente se esmera tanto en buscar
formas en las nubes. Seré rara, yo las busco en las sombras. Llamarme oscura,
pero son mucho más interesantes. Y no me refiero a buscar en las que nos dan
miedo cuando somos pequeños, si no en las de cualquier cosa. Incluso tu propia
sombra esconde una realidad mucho más cercana a lo que eres. No se las da
importancia, pero engloban el magnetismo que hace que algo nos atraiga más o
menos.
Pero, ni siquiera las sombras me hacían sentir más viva. Lo
único que conseguía era sentirme más sola y olvidada.
Me agobia la gente y a la vez, en este momento, no aguanto
estar tan sola.
Entonces, llegan esas personas que solo te haban y te ayudan
por pena. Otras, que te importan tanto, que ni siquiera hablas demasiado con
ellas porque te da miedo molestarlas (aunque ni siquiera a ellos les importes)
y acaban desapareciendo. Luego están, con las que hablas de cosas insustanciales
y muy de vez en cuando. Y por último, las que únicamente te critican y a la vez
te copian.
Pero, todas ellas están en una constante y cercana lejanía.
No hay nadie en tu mundo cotidiano, todo lo haces sola y
eso, acaba cansando.
Por lo que, dejas de
hacer cualquier cosa, dejas de salir de tu casa, olvidas el mundo, y
acabas desesperada ante una realidad que no quieres.
martes, 12 de junio de 2012
Truculenta monotonía.
Es curioso que siempre que quieras escribir no puedas. Y solo sea cuando a algo llamado inspiración le apetezca. Es doloroso que la mayoría de las veces solo sea porque te sientes perdida, necesitada u olvidada. Es triste que la mayoría de veces escribas sin ver porque tus lagrimas se quedan estancadas en tus ojos.
Sin embargo, muchas veces te salen palabras perfectas en lugares donde no puedes plasmar nada y las que creías grandes palabras se pierden.
Hay otras veces que es peor, en las que tu mente está ocupada haciendo cosas sin importancia y una palabra, persona, canción o simplemente sentimiento te hace necesitar escribir. Pero sabes que nunca saldrá nada en condiciones porque no usarás las palabras indicadas.
Hoy estoy en el último grupo, así que no esperes mucho de mí.
Aunque, es mejor nunca esperar nada de nadie. Así cuando alguien te da algo te sientes viva, pero si no te lo dan, como sucede la mayoría de las veces, la decepción no es tan grande.
Resulta odioso sentirse pequeña, o mejor dicho, resulta odioso que te hagan sentir pequeña. Pero llega un momento en el que te das cuenta de que quizás lo seas...
Esos momentos en los que no consigues nada porque nadie te ve. Esos momentos en los que no puedes dar más porque no te dejan o porque no puedes. Esos momentos en los que se olvidan de ti por no ser nada. Esos momentos en los que te sustituyen por otra persona.
Es frustrante gritar y que no te escuchen. Luchar y no conseguir nada. Aburrirte y no saber que hacer. Querer y que no sepan quien eres. Escribir y que no te salgan las palabras. Hablar y no tener voz.
Recorrer caminos únicamente con una banda sonora triste que te destruye y te hace más pequeña. Donde no hay césped para arrancarlo, ni nubes en las que buscar esperanza, ni palabras reconfortantes, ni siquiera niebla donde esconderte.
Soñar...
¿Soñar para qué? ¿Para no poder hacer realidad nunca tus sueños?
La esperanza se pierde de forma desorbitada cuando las palabras se pierden y tus expectativas se vuelven inalcanzables.
Sin embargo, muchas veces te salen palabras perfectas en lugares donde no puedes plasmar nada y las que creías grandes palabras se pierden.
Hay otras veces que es peor, en las que tu mente está ocupada haciendo cosas sin importancia y una palabra, persona, canción o simplemente sentimiento te hace necesitar escribir. Pero sabes que nunca saldrá nada en condiciones porque no usarás las palabras indicadas.
Hoy estoy en el último grupo, así que no esperes mucho de mí.
Aunque, es mejor nunca esperar nada de nadie. Así cuando alguien te da algo te sientes viva, pero si no te lo dan, como sucede la mayoría de las veces, la decepción no es tan grande.
Resulta odioso sentirse pequeña, o mejor dicho, resulta odioso que te hagan sentir pequeña. Pero llega un momento en el que te das cuenta de que quizás lo seas...
Esos momentos en los que no consigues nada porque nadie te ve. Esos momentos en los que no puedes dar más porque no te dejan o porque no puedes. Esos momentos en los que se olvidan de ti por no ser nada. Esos momentos en los que te sustituyen por otra persona.
Es frustrante gritar y que no te escuchen. Luchar y no conseguir nada. Aburrirte y no saber que hacer. Querer y que no sepan quien eres. Escribir y que no te salgan las palabras. Hablar y no tener voz.
Recorrer caminos únicamente con una banda sonora triste que te destruye y te hace más pequeña. Donde no hay césped para arrancarlo, ni nubes en las que buscar esperanza, ni palabras reconfortantes, ni siquiera niebla donde esconderte.
Soñar...
¿Soñar para qué? ¿Para no poder hacer realidad nunca tus sueños?
La esperanza se pierde de forma desorbitada cuando las palabras se pierden y tus expectativas se vuelven inalcanzables.
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