Cada vez que paso página, cada vez que me centro en nuevas cosas. Resultan ser tremendamente imposibles....
sábado, 5 de noviembre de 2011
Yo y mi manía de fijarme en lo imposible...
Cada vez que paso página, cada vez que me centro en nuevas cosas. Resultan ser tremendamente imposibles...domingo, 16 de octubre de 2011
Nada ni nadie.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Mundo de la estupidez diría yo...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Tras una media sonrisa..
Otro relato con el que participé un concurso es este...
La música recorría mi interior, me infundía la energía necesaria para transitar las calles y llegar por fin a mi destino.
Como cada día en ese momento, todos los problemas que me acechaban se borraban de mi mente y me unía a aquella muchedumbre ajetreada que se cernía ante mis pies. Observaba a todas esas personas que a ritmo frenético deambulaban por la ciudad sin pararse a mirar, ni tan siquiera a las personas que les saludaban amablemente.
Visto así, parecería que se trataba de una película de terror donde persiguen a todo el mundo amenazado. Pero nada bloqueaba sus sentidos, tan solo ese miedo irracional al tiempo.
El tiempo, ese enemigo que provocaba a todos una necesidad innata de no pararse a pensar que ocurre en su vida.
Yo miraba a todas partes sonriendo, deleitándome con todos los adultos que andaban fríamente. Temía no siempre verlo con los ojos del adolescente que soy, y ser algún día como todos los viandantes de miradas vidriosas que no detenían la atención de cualquiera.
Tenía miedo a no sentir esa euforia al detenerme ante un músico que intenta mejorar su vida y la nuestra. Él, sin miedo al tiempo, solo a la espera de nuevos rostros excitados por su excelente trabajo.
Miedo a hacerme prisionero de las horas.
Miedo a vivir una monótona vida, sin sobresaltos, no locuras.
Miedo a no ser feliz.
Y como toda historia, surge atada a una canción...
"Love hurts...But sometimes it's a good hurt."
La dama desnuda.
Pondré ya por fin todo lo que he encontrado antiguo para no perderlo y aprender de mis errores, aunque haya tantos...
Observo en la lejanía, el rostro de una hermosa dama. Ella ilumina el horizonte con su dulce sintonía, sus cabellos resbalan sobre su piel, rozan sus mejillas. Viste una túnica blanca, que goza
de libertad. Sus rasgos son fuertes y sinceros. Pero la armonía desaparece, porque ella me ha descubierto, sus ojos penetrantes, azules, no se apartan de mí. El pánico me invade, pero, soy fuerte y resisto. Ya no existe lejanía entre nosotras, ella se acerca y con una sutileza inquebrantable alza una daga y se la clava en el corazón. Su blanco y puro vestido en pocos instantes se vuelve de un color rojo carmín. Cae al suelo como un felino. Con seguridad y firmeza ella yace en el suelo. Su corazón ha dejado de palpitar. Pero de su cuerpo sale la esencia, más bella aún que cuando estaba viva. Es una sustancia de un color indefinido. La vida rebosa en ella, mucho más que antes, ha muerto, pero su felicidad es indescifrable. En mi cabeza escucho algo, que en un principio no percibo, pero que cada vez me llega más hondo. Surca mi alma, intentando comunicarse conmigo y sin duda lo consigue.
Aquello que observe, fuera lo que fuese esta en deuda conmigo, porque yo supe la grandiosidad de belleza que emanaba su interior.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Y sigo con las cosas rescatadas de un oscuro baúl...
Como un pájaro sobrevuela un árbol
Como las golondrinas refuerzan el viento
Como una música traspasa tus oídos y se funde en tus pensamientos
Como una flor recuerda su esencia
Como un fénix renace de sus cenizas
Como el sol transmite rayos encriptados
Como las estrellas brillan cada segundo más
Como el mundo cambia tus pasos
Como el sentimiento de un haz de luz cruza por tu camino
Como las palabras te transmiten emociones
Como el suelo se tambalea cada vez que te necesita
Como las lágrimas ruborizan las hojas
Como la tinta de esta pluma impregna tinta en el papel
Golpea tu mundo
No existe el destino
Relaja los sentidos
Y se tú mismo.
domingo, 28 de agosto de 2011
Mi tierra, mi vida.
Os pongo un relato con el que gané un premio hace dos años y que creía haber perdido...
Con una ambigüedad esencial, tras la cortina resquebrajada bajo grandes escombros. Era el paraje de guerra. Los alrededores estaban sombríos, pausados, el miedo, el pánico y el terror se apiadaban de cada recóndito lugar. En una monotonía apaciguada. Destapé mis oídos poco a poco, pues no quería toparme con mi propia muerte, tan pronto.
Pero tenía miedo, mucho miedo, aunque no lo demostrara.
Salí de mi escondite, traspasé lo que quedaba de puerta, si se puede llamar así. Andaba descalzo, sobre el frío suelo cubierto de sangre y cadáveres mutilados, eran de mi gente, de los que antes me habían querido, aquellos a los que deseaba ayudar, pero no podía. La rabia, la impotencia se apiadaron de mí, pero no podía gritar, no salía mi voz, no podía correr, no tenía fuerzas. Llevaba sin comer varios días, sobrevivía, sí, pero solo por una gotera que no sabía de donde salía, probablemente de agua sucia y contaminada, pero ya no la tenía, no tenía nada, solo la vida, la poca que me quedaba. Seguía andando sin rumbo fijo, sintiendo el viento rozar mi cuerpo, solo cubierto por jirones de ropa. Me derrumbe, caí al suelo, ya sin ímpetu, sin nada que temer a aquella que no tardaría en llevarme. Mi país, mi mundo triste, son vida, inerte. Llegaba mi hora, mi muerte, sentía que mi alma me abandonaba, lenta. Mi corazón latía, débilmente, ningún músculo se mi cuerpo se movía, ni siquiera lo estimulaban soplos de aire frío, que habrán estremecido a cualquiera antaño. Pero no a mí, con catorce años de vida. Esperaba a que acabara, yo ya no creía en el llamado Dios. Había perdido la fe, aquel que pensaba que me protegía ya no lo hacía. Pero no sentía rencor, solo, quería morir y quería que mi alma viajara por lugares desconocidos para mí, cataratas escondidas, bosques frondosos, quería descubrir la paz, cosa que no había observado nunca. Mis brazos cayeron, mi cuerpo yacía, muerto, sobre la arena, pero yo ya viajaba, sobrevolaba mundos.
Al fin era libre.